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Cuánto debe crecer anualmente un negocio para que sea rentable, cuándo venderlo y cuándo tomar otro tipo de decisiones.

17 de agosto de 2013



Cuando explicábamos las diferencias entre la mentalidad empresarial estadounidense y la mentalidad española, decíamos que era probable que un emprendedor español abriera su primer negocio, tuviera éxito en él y posteriormente permaneciera hasta hundirlo o convertirse en un esclavo permanente del negocio.

Aunque explicar algunos de estos puntos puede resultar algo complicado en un sólo artículo, vamos a intentarlo.

Un negocio debemos analizarlo como un valor bursátil. Si ponemos cada mes en un gráfico las ventas y beneficios, debemos tener un gráfico alcista, y al igual que en las acciones, pude haber ligeras correcciones, pero en el largo plazo debe ser alcista. Al igual que en las acciones puede llegar un punto en el que nuestro negocio encuentre una fuerte resistencia o resistencia permanente, lo cual significa que por mucho que hagamos, ya no puede crecer más.

Eso ocurre con ciertos negocios como puede ser un restaurante o una sala de masajes, un ciber, etc... donde si calculamos las ganancias máximas con un todo lleno las 24 horas del día, ya habríamos alcanzado el tope, al menos en ese local, por lo ya habría que plantearse abrir otro local, pero vayamos por partes.

Aunque no hay porcentajes exactos, se suele decir que en los inicios un negocio debe crecer mínimo un 20% mensual durante los primeros 8 meses para que sea rentable. A partir de ahí, debe crecer un 20% trimestral durante los siguientes 2 años y un 20% anual durante los siguientes 5 años. Está claro que según el tipo de negocio, esta ecuación puede variar.

Para que no haya problemas, lo que jamás debe disminuir son las ventas.

Temporalmente, debido a nuevas inversiones o contrataciones, podemos encontrarnos que nuestro endeudamiento, así como nuestros beneficios caigan, pero las ventas deben seguir siendo alcistas. Esto sería una divergencia muy normal en los negocios, pero es una divergencia que no puede prolongarse en el tiempo, ya que si la deuda crece y se mantiene, nuestros beneficios podrían condenarse al fracaso por más que aumentemos nuestras ventas.

(Leer: 5 formas de hacer crecer tu negocio)

Resumiendo este punto: Temporalmente pueden aumentar nuestros gastos y disminuir nuestro beneficio, e incluso dar pérdidas durante 6 meses seguidos, y en principio no sería preocupante siempre y cuando nuestras ventas hayan aumentado.

Las ventas son nuestra materia prima. 

Teniendo materia prima, podemos fallar o acertar en las decisiones, pero siempre se podrá hacer algo para mejorar la situación, como ahorrar en gastos fijos o tener más cuidado con los costes variables, pero si no hay ventas, no podemos hacer nada, salvo plantearse cerrar.

El momento de tomar decisiones.

Si en ese gráfico de ventas que dibujamos, llega un momento que durante 2 años no conseguimos crecer más ni aumentar nuestros beneficios, según el tipo de empresa que tengamos, deberíamos preguntarnos si podemos diversificar o entrar en nuevos mercados.

Cuando un negocio llega a su tope, es el momento en el que el empresario debe hacer números para averiguar si los beneficios del negocio te permiten contratar a alguien que lo dirija por tí, mientras nos planteamos abrir nuevas sucursales o nuevas tiendas. Es más, un negocio bien montado debería funcionar sin la necesidad de tu propia fuerza laboral.

(Leer: Donald Trump: La mentalidad de un emprendedor)

Si el negocio no te da el beneficio suficiente como para contratar a otra persona que lo gestione, probablemente sea cuestión de plantearse vender la empresa ahora que al menos tiene beneficios, ya que lo que te habrías creado en esta situación no sería una empresa, sino un puesto de trabajo, y si permaneces en él, será cuestión de tiempo de que te canses, te agotes o aparezca algún tipo de competencia que con el tiempo te haga caer los beneficios.

Una vez tienes un negocio que da beneficios es fácil conseguir financiación para abrir otra sucursal, y es lo que se aconseja para el crecimiento empresarial.

Independiente del tamaño de tu negocio, su funcionamiento debe ser exactamente el mismo que el de grandes compañías como Zara o Mcdonalds, donde sus creadores no están ni sirviendo hamburguesas en los miles de establecimientos ni atendiendo las devoluciones de ropa.

 Si Zara hubiera caído en manos de una mentalidad emprendedora pobre, hoy día sería una pequeña o gran tienda de ropa gallega aquejada por la crisis, donde un tal Amancio Ortega, dueño de esa pequeña tienda abriría por las mañanas y cerraría por la noche.







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