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La clave del éxito a través de 2 discursos que debes enseñarle a tus hijos.

28 de julio de 2014



Hay una película de Tom Cruise del año 1983 un tanto desconocida. La película se llamó en España "La clave del éxito". Es mala de narices, pero hay una escena que realmente me motivó y creo que es un excelente mensaje que cualquier padre debería enseñarle a sus hijos independientemente de su edad.

Y no sólo enseñarlo, sino ayudarle a aplicarlo, pues creo verdaderamente que parte del éxito que tengamos en un futuro puede deberse al buen hábito de no abandonar y de dar lo mejor de nosotros mismos.

En la película, los jóvenes de ese pueblo únicamente tienen 2 salidas profesionales: trabajar en la acería donde han estado trabajando varias generaciones, o ser buenos jugadores de fútbol, pues es la única forma de conseguir una beca para ir a la universidad.

Cuando este equipo de fútbol se enfrenta a uno de los mejores equipos, el emotivo discurso del entrenador no tiene desperdicio:


"Hoy todo el mundo espera que perdáis, pues nadie le ha ganado al equipo al que nos enfrentamos, pero hoy tenéis la oportunidad de demostrarle a todo el mundo lo que vais a hacer el resto de vuestras vidas.

El campo de juego es hoy vuestra vida.

Si os dejáis dominar por el miedo, el miedo dominará siempre vuestras vidas.

Si escucháis a esas personas que dicen que hoy no vais a ganar, las opiniones de los demás controlarán siempre vuestras vidas.

Si hoy os rendís en el campo de juego, os rendiréis siempre en cualquier cosa que hagáis en vuestra vida.

Si hoy tiráis la toalla, tiraréis siempre la toalla ante las dificultades.

El campo de juego hoy representa vuestra vida. Así como hoy os comportéis, os comportaréis siempre en vuestra vida".

Un discurso similar que no te deja indiferente es el que apareció, irónicamente, en una de las mejores películas de humor que se han hecho en los últimos años, "Niños Grandes". Al principio de la película, las palabras del entrenador durante la celebración tras ganar el campeonato son excelentes:


"Hoy habéis jugado como os he pedido siempre que juguéis. Lo habéis dado todo en la pista de baloncesto, y por eso, cuando sonó el pitido final, erais campeones.

Sólo os pido que viváis vuestra vida como hoy habéis jugado, y de esta forma, cuando suene el pitido final de la vida, no lamentareis nada".


Y es que la vida es una constante competición. Y no es cierto que lo importante es participar, pues esas son las palabras que en una competición siempre escucha el que pierde. El que gana sabe que la competición consiste en ganar.

Pero es cierto que no hay que centrarse demasiado en el resultado, pues el resultado es únicamente el cúmulo de esfuerzo y decisiones que hemos realizado. Por eso, enseña a tus hijos a que no adquieran el hábito de abandonar ante la dificultad.

No importa si hablamos de una competición o de un simple juego de puzzle. Si lo comienza debe acabarlo. Si no puede hacerlo sólo, ayúdale, pues es cierto que si adquieres el hábito de abandonar las pequeñas cosas, imagina cómo actuarás ante las grandes cosas mucho más complicadas. Dejarle abandonar hoy, es mutilar su futuro.

Así mismo, también es cierto que cuando damos lo mejor de nosotros mismos, podemos tener éxito o fracasar, podemos ganar o podemos perder, pero no hay lamentaciones de que podríamos haber hecho mucho más de lo que hicimos.






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