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Abrazos profesionales: un negocio de 6.000€ al mes.

7 de agosto de 2014



En 2012, Samantha Hess observó a un hombre en una zona muy transitada con un cartel en el que daba abrazos por 2 dólares. Y alguna gente pagaba esos 2 dólares por ese momento de afecto. En aquel momento, ella acababa de salir de una relación de 13 años. No estaba preparada para comenzar otra relación, pero sí tenía la necesidad de afecto y sentirse amada y aceptada, por lo que se le encendió la bombilla y decidió cubrir esa necesidad de afecto en las personas con una idea de negocio un tanto particular.

Hoy día, el negocio de Samantha es un servicio de "abrazos profesionales" por el que cobra 60 dólares la hora, y cuyo eslogan es "arrimarse a mí". El servicio que ofrece es sencillo de explicar.

Ella recibe la llamada de una persona. Pueden quedar en un parque, en un restaurante, en un cine e incluso en la casa del cliente, donde esa persona podrá permanecer abrazada a Samantha bien sea en el sofá o en la cama.


Esta chica deja muy claro en su sitio web que su servicio no tiene nada que ver con el sexo. Tampoco es un sustituto para éste.

Su servicio consiste en que toda persona pueda tener ese momento de afecto sin importar su físico o su condición.

Por desgracia, hay personas para las que abrazar a alguien sin segundas intenciones es todo un lujo que hace mucho tiempo no pueden permitirse. En 2013, un periódico local publicó su idea de negocio en la sección "Lo mejor de Portland", y su sitio web despegó.

En la actualidad, los abrazos profesionales son el principal trabajo y negocio de Samantha, la cual dice que está haciendo mucho más dinero que en cualquier otro trabajo que haya tenido. Asegura que hace en torno a las 5 sesiones al día y trabaja 6 días a la semana, por lo que de media hace unos 7.200 dólares al mes.

El 90% de sus clientes son hombres entre los 20 y los 75 años, algunos de ellos con enfermedades traumáticas o discapacidades que les impiden tener un contacto humano con los demás, y que incluso tienen problemas de adaptación, por lo que poder permanecer abrazados a una persona y sentir ese afecto, para ellos es un lujo.

¿Qué hace este servicio tan grande?

Dice Samantha que ella ama a cada uno de sus clientes con su "gracia humana"  e intenta conseguir que se sientan amados y aceptados tal y como son. Ella no les juzga, sólo les acepta, tratándolos como si fueran de su propia familia, sin importar quiénes sean.

Es lo que ella llama un "masaje mental", pues será una sesión de mimos. Muchos de sus clientes le piden que lleve un cierto color de ropa o un peinado específico.

Claro que este servicio no está exento de retos. Algunos clientes consiguen un apego intenso. Cuenta que uno de ellos se llegó a enamorar de ella, y que aún siendo algo muy dulce, tuvo que recordarle lo que es el servicio que ella ofrece. 

"En nuestra cultura, la única experiencia que alguien tiene con este tipo de contacto ha sido en sentido romántico o sexual. No es fácil cambiar el cerebro de las personas en este aspecto", dice Samantha.

Ella deja muy claro que los abrazos y mimos pueden ser intensos, y que únicamente es apropiado tocarla donde estaría bien tocar a un niño, dejando muy claro que si está buscando sustitutos para algo más íntimo, esa persona no quedará contenta con su servicio.

Aunque asegura que el trabajo también puede ser muy agotador, debido a que muchas de estas personas vienen con demasiadas cargas emocionales que quieren hablar con ella. Finalmente, este servicio se ha convertido en una forma de terapia, y los mensajes de agradecimiento que recibe por parte de sus clientes, son los que la animan a seguir con este proyecto.

Sin duda, un servicio original.






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