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En qué empresas NO invertir según el Value Investing.

15 de junio de 2015



Volvemos a recurrir a la biblia de la inversión, "El Inversor Inteligente, de Ben Graham", donde el propio Graham, y más adelante Warren Buffett, nos darían unas pautas de vigilancia para estar atentos a algunas señales de alerta con respecto a las empresas en las que vamos a invertir.

Todo trata de poner un precio futuro al valor de las acciones de la empresa, y por tanto, saber si estamos comprando las acciones con ese margen de seguridad del que tanto Graham como Buffett siempre hablan.

¿Qué hace que una empresa valga 10 veces sus beneficios y otra valga 20 veces sus beneficios? Evidentemente, estamos hablando del PER, el cual puede llegar a ser algo confuso, ya que en ocasiones, un PER muy alto, significa que la acción está excesivamente cara. En otras ocasiones, un PER excesivamente alto, indica que la empresa podría tener un potencial de revalorización enorme.

*El valor del PER se calcula dividiendo la cotización del valor en el mercado entre el beneficio neto anual por acción (BPA). Por tanto PER= Cotización / BPA.

¿Cómo podemos estar seguros, según Graham, que no estamos pagando una cantidad excesiva por un futuro de color rosa que podría acabar convirtiéndose en una pesadilla para el inversor?

Graham detallaba en el libro los 5 elementos que consideraba decisivos:
  • Las perspectivas generales a largo plazo de la empresa.
  • La calidad de su equipo directivo.
  • Su fortaleza financiera y su estructura de capital.
  • Su historial de dividendos.
Hoy día, el inversor tiene a su alcance de una forma fácil el historial de la empresa, donde puede ver todos los estados históricos de la empresa. Buffett aconseja analizar mínimo los últimos 10 años de esos estados para ver la evolución de la empresa.

Una vez tenemos los estados de la empresa, debemos ser capaces de responder a dos preguntas:

  • ¿Qué hace crecer a esta empresa?
  • ¿De dónde provienen -y de dónde van a provenir en el futuro- sus beneficios?
Señales de alerta a la hora de invertir en la empresa.

Entre los problemas que podemos ver en el histórico de la empresa, Graham señalaba lo siguiente:

1. Que la empresa sea una "Adquiriente en serie".

Una media de más de 2 ó 3 adquisiciones al año es señal de problemas potenciales, según Graham. Si después de todo, la empresa prefiere comprar las acciones de otras empresas en lugar de invertir en sus propios negocios, quizás el inversor inteligente fuera más inteligente si decidiera invertir en esas otras empresas.

Graham advertía sobre las "empresas bulímicas", que son aquellas que engullen grandes adquisiciones para acabar "vomitándolas" después.

2. Que la empresa sea una adicta al dinero de otras personas.

El hecho de que la empresa se dedique a suscribir deudas o colocar continuamente acciones para conseguir toneladas de recursos ajenos, es un mal presagio.

Estas enormes aportaciones de dinero de otras personas se denominan "efectivo procedente de actividades de financiación" en la cuenta de flujo de efectivo de la memoria anual.

Graham advertía que tras estas inyecciones de capital, una empresa moribunda puede llegar a tener un aspecto saludable, aún cuando sus negocios subyacentes no generan suficiente efectivo.

3. Que la empresa sólo tenga una bala en la recámara.

Cuando una empresa depende de un único cliente o unos pocos clientes para obtener la mayor parte de sus ingresos, es una empresa de riesgo. No significa que la empresa no pueda funcionar, pero la historia muestra bastantes casos de cómo tras una mala actividad del cliente principal, la otra empresa perdió también su valor.

Una vez tenemos claras cuáles son las fuentes de sus ingresos, beneficios y crecimiento, debemos estudiar tanto los aspectos negativos como positivos.

 Entre las señales positivas de una empresa, Graham destacaba las siguientes:

1. Que la empresa tenga una ventaja competitiva (un amplio foso a su alrededor)

Graham hacía una analogía entre una empresa y un castillo. Y es que es posible que algunas empresas puedan ser fácilmente conquistadas por aquellos competidores que decidan atacarlas, mientras que otras empresas son prácticamente "inatacables".

La ventaja competitiva o foso de una empresa podría ser:
  • Una fuerte identidad de marca. Como ejemplo de marca fuerte podríamos poner a Coca-Cola e incluso Apple.
  • Un monopolio o un cuasi monopolio sobre el mercado. Si analizamos el negocio de los buscadores, Google tendría el monopolio prácticamente absoluto, lo cual le permite introducir otros productos de una forma muy económica. Coca-Cola tiene una fórmula secreta que no tiene valor material, pero hace que tenga un dominio sobre los consumidores.

2. Que la empresa sea un corredor de maratón y no de los cien metros.

Es sencillo saber si una empresa es una corredora de maratones, únicamente observando las cuentas de resultados históricas. Si cogemos los últimos 10 años de la empresa y observamos que sus beneficios han ido creciendo de una forma paulatina y firme, hablamos de una empresa de maratones.

Si los ingresos de una empresa crecen a un ritmo a largo plazo del 10% antes de impuestos, es un crecimiento sostenible, mientras que aquellas empresas que se marcan objetivos ilusorios, pueden alcanzarlo unos años, pero después, según Graham, estas empresas caerán con la misma fuerza que subieron, ya que habrían hecho perfectamente los 100 metros, pero en la bolsa gustan las empresas de maratón.

Está claro que estos crecimientos astronómicos son los que protagonizan en la actualidad las empresas tecnológicas, y quizás por ello, Buffett sigue sin invertir en empresas tecnológicas a pesar de las altas rentabilidades que están teniendo en los últimos 5 años.

Es decir, Graham prefería crecimiento más pequeño, pero paulatino, por delante de despegues astronómicos en los ingresos, lo cual no quiere decir que esas empresas no puedan ser rentables para especular.


3. Que la empresa siembre y coseche.

Por muy buenos que sean los productos de la empresa y por muy potente que sea la marca, la empresa debe dedicar dinero a promover nuevas actividades.

Puede que el gasto en Investigación y Desarrollo pueda perjudicar el crecimiento de los beneficios en los próximos trimestres, pero será una fuente de crecimiento importante en el futuro. Es decir, malo para los 100 metros, pero necesario para la maratón.


Y por último y no menos importante, tendríamos la calidad del equipo directivo.

La mayoría de los inversores subestiman la importancia de estudiar al equipo directivo de una empresa. Si los inversores hubieran estudiado a Jenaro García (Gowex), hubiera visto un precedente que hubiera puesto en alerta a éstos. (Ver: Lecciones del caso Enron y Gowex que todo inversor debe aprender).

Graham decía que se debe analizar el comportamiento del equipo directivo. Debemos ver en el histórico, qué dijeron esos ejecutivos que iban a hacer, y si después hicieron aquello que decían que iban a hacer.

Si por regla general no han cumplido con sus previsiones o siempre se han quedado cortos, ya sabemos lo que depara el futuro con respecto a las próximas previsiones de la empresa.

Del mismo modo, Graham también aconsejaba el estar alerta ante el interés de los directivos, pues una empresa que paga 100 millones anuales a un directivo que no ha patentado la fuente de la juventud, demuestra, según Graham, que es una empresa gestionada por los directivos en beneficio de los propios directivos, y no de los inversores.

Si una empresa modifica la cotización, hace nuevas emisiones o canjea sus opciones sobre acciones ofrecidas a directivos, mantente alejado de invertir en esa empresa.

Cualquier empresa establecida que se dedique a modificar el precio de sus opciones, como lo han hecho docenas de empresas de alta tecnología, estará actuando de forma escandalosa, y cualquier inversor que compre acciones de este tipo de empresas, estará pidiendo a gritos que le esquilmen.

En el libro ponen el ejemplo de AOL, que en una nota prácticamente escondida a pie de página en su memoria anual, decía que la empresa había emitido opciones sobre 657 millones de acciones más, mientras que en su portada no hablaba sobre ello. Aquello vaticinó lo que más tarde ocurriría con la cotización de AOL, y muchos inversores no llegaron ni siquiera a enterarse.

Este artículo está basado en algunos fragmentos que aparecen en el libro El Inversor Inteligente, de Ben Graham. Adaptado y ampliamente modificado por Negocios1000.com








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