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Lo que te lleva a la pobreza, según T. Harv Eker, autor de "Los secretos de la mente millonaria".

18 de septiembre de 2015



Tener éxito en la vida alcanzando la libertad financiera o siendo verdaderamente rico es una cuestión mental más que otra cosa. Si de algo han hablado las personas que han dedicado su vida a estudiar a los grandes empresarios y multimillonarios, es sobre la enorme diferencia que existe entre la forma que piensan los ricos y el resto.

Los ricos piensan, actúan y toman decisiones. Y los pobres también piensan y actúan e incluso algunos (no todos) toman decisiones. El problema es que no pensamos de la misma forma, no actuamos de la misma manera, y por ende, tanto si tomamos decisiones como si no las tomamos, provocamos un resultado muy diferente.

Si anteriormente desglosamos la idea de Napoleón Hill, autor de "Piense y hágase rico", con las cosas que te impiden hacerte rico, en esta ocasión T. Harv Eker, autor de "Los secretos de la mente millonaria", incluido en nuestro ranking como uno de los mejores libros de educación financiera, nos proporciona algunos consejos e ideas sobre ciertas cosas que te impiden salir de la pobreza o que te conducen directamente a ella.

Imagen: George Soros
Para Eker, existe un primer hábito fulminador de nuestro crecimiento y riqueza, y que la mayoría de personas consideran inofensivo: Quejarse.

Según Eker, así como la mayoría de investigaciones sobre el poder de enfoque (foco), quejarse constantemente es lo peor que puedes hacer para tu salud y para tus finanzas.

Cuando te quejas, te estás centrando en lo malo; estás reviviendo lo malo de tu vida y, aquello en lo que te enfocas, es aquello que ayudas a hacer más grande, y por tanto, aquello que más atraes. Y no estamos hablando de energía cósmica.

Existe una especie de juego que los investigadores usan para demostrar cómo funciona el enfoque de una persona:


Se le pide a una sala llena de gente que observen durante un minuto al resto de personas y que intenten recordar qué personas tienen alguna prenda de color rojo. Las personas comienzan a enfocar toda su atención en buscar prendas de color rojo y memorizar qué personas las llevan. Seguidamente se les dice que cierren los ojos y, con los ojos cerrados se les pregunta: "¿Quién de la sala lleva alguna prenda de color azul?"

Resultado: prácticamente nadie es capaz de haber identificado prendas de color azul, pues todos buscaban el rojo, y por tanto, hemos atraído el color rojo.

Ahora imagina que el color rojo simboliza tus problemas y el color azul tus oportunidades. Debido a que te has enfocado en observar el color rojo, sintiéndolo mucho, has perdido las oportunidades.

Quejarse es una forma de enfocarse, pero únicamente en lo negativo, y por tanto, es la forma ideal de traer mierda a tu vida.

Puede sonar a tópico, pero en lugar de decir: "No tengo dinero", "qué asco de vida que no tengo dinero", "Si tuviera dinero para hacer...", cambia el foco hacia: "Tengo que ganar dinero", "voy a ganar dinero", y de esa forma, al menos, el siguiente paso de tu cerebro es buscar vías para ganar dinero.

O como en el caso del ejemplo de BuzzFeed, en lugar de decir: "Qué mierda, Google me ha jodido", enfocarte en: "¿Cómo pudo seguir funcionando sin Google?". Llámalo el poder de las palabras si quieres, aunque entraría dentro del poder del sentido común.

Y el mismo efecto tiene rodearse de "quejicas".

Si ya se ha hablado mucho de la importancia de rodearse de personas de calidad, el hecho de rodearte de personas negativas o positivas, también hará que te contagies de negativismo o positivismo. Y nadie es lo suficientemente fuerte como para mantener su positivismo tras largas exposiciones a personas negativas o personas tóxicas.

Para Eker, separarte de las personas que únicamente se quejan es tan importante como dejar de quejarse uno mismo, pues caer en este círculo vicioso es muy fácil pero al mismo tiempo es muy costoso, tanto en términos de energía, de salud, como en términos financieros.

Finalmente somos nuestros pensamientos, y son nuestros pensamientos los que nos dan una visión del entorno. Hay cosas muy malas y hay muchos problemas ahí fuera; también hay cosas muy buenas ahí fuera y existen muchas oportunidades. Las personas que hoy día han acumulado una vida de éxito no es que no hayan grandes dificultades y tropiezos. Es sólo que le han prestado la justa atención y lo han dejado ir rápido.

(Ver: Steve Siebold: Soy un multimillonario hecho a sí mismo, y estos son los consejos que te puedo dar)

Otros consejos que recibimos de Eker.

Los pobres suelen dejar que las cosas sucedan, mientras que los ricos hacen que las cosas sucedan. Y es que si no haces nada, nada pasa. Te introduces en ese río y te dejas llevar por la corriente hasta que te encuentras en lo que Tony Robbins denominaba como las cataratas de la vida.

Mientras que la mayoría de personas creen que deben adaptarse a una serie de factores para sobrevivir, los ricos tienen claro que pueden influir en su estilo de vida. De hecho, tienen la creencia de que ellos son principales responsables de darle forma a su propia vida. Si existe el destino, ellos tienen claro que lo dominan para que sea como ellos desean que sea, o al menos no dejarán de insistir hasta conseguirlo.

La mayoría de la gente piensa que la riqueza no está al alcance de ellos, porque no son buenos en algo. Los ricos sabían que debían prepararse, estudiar y leer para hacerse buenos en ese algo que más tarde les ayudaría a generar riqueza.

Y la mayor diferencia en el enfoque.

Esta diferencia de enfoque puede parecer pequeña, pero es más grande de lo que podemos imaginar y, en cierto modo abre una enorme brecha entre las oportunidades que tienen los ricos y los demás.

Como ya sabemos, hay que asumir riesgos para conseguir cualquier cosa que merezca la pena. Cuando se habla de riesgo, el pobre se enfoca en todo lo que podría perder si fracasa. Los ricos se enfocan en todo lo que podrían ganar si tienen éxito.

Irónicamente, una persona que en la actualidad está en desempleo, dice que no tiene tiempo y que le asusta perder, cuando lo cierto es que tiene todo el tiempo del mundo y probablemente poco que perder a estas alturas.

Es por eso que el pobre se centra en los riesgos, mientras que los ricos se enfocan en las recompensas. Y el enfoque acaba marcando la diferencia entre unos y otros.

Ver: Steve Siebold encuentra un hábito que los ricos tienen en común, y un hábito que los pobres tienen en común.







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