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7 Cosas simples que debes hacer para ser un mejor oyente.

5 de octubre de 2015



Saber escuchar es muy importante. Involucra muchos aspectos que debemos saber manejar a fin de optimizar resultados positivos en nuestro comportamiento y en nuestras interrelaciones. Incluso a pesar de lo que se piensa, el buen vendedor no es aquel que habla sin parar, sino aquel que sabe escuchar correctamente.

Un estudio reciente llevado a cabo en la Universidad George Washington mostró que escuchar puede influir en hasta un 40% del rendimiento en el trabajo de un líder.

Suceden tantas cosas en el trabajo que las oportunidades para escuchar bien abundan. Hablamos de proporcionar información, explicar las instrucciones, y comunicar los plazos. Más allá de las palabras dichas, hay información muy valiosa para ser descifrada a través del tono de voz, el lenguaje corporal, y lo que no se dice.

En otras palabras, no mantener los oídos y los ojos bien abiertos podría dejarte fuera de juego.

(Ver: Escucha más de lo que hablas; El mejor consejo que recibió Richard Branson)

La mayoría de la gente cree que sus habilidades de escucha están donde tienen que estar, a pesar de que no es así en la mayoría de los casos. Un estudio de Wright State University encuestó a más de 8.000 personas de diferentes empresas, y casi todos ellos se clasificaban como que escuchaban tan bien o mejor que sus compañeros de trabajo.


La escucha efectiva es algo que se puede aprender a dominar. Incluso si pierdes la atención escuchando algo difícil o, en ciertas situaciones aburridas y desagradables, eso no significa que no puedas hacerlo. Sólo tienes que saber en qué trabajar. Para ello, Travis Bradverry, autor del libro inteligencia emocional 2.0, nos da unas sencilla estrategias.

1. Prestar atención.

El mayor error que la mayoría de la gente comete cuando se trata de escuchar, es que están tan centrados en lo que van a decir después que dejan de escuchar lo que les están diciendo. Las palabras vienen con fuerza y claridad, pero el significado se pierde.

Prestar atención puede parecer una sencilla sugerencia, pero no es tan fácil como parece. Tus propios pensamientos pueden ser increíblemente molestos.

2. Guardar el teléfono.

Es imposible escuchar bien y controlar tu teléfono al mismo tiempo. Y de paso, es una enorme falta de educación. Una rápida mirada a tu teléfono o contestar un mensaje de texto hace que pierdas los matices de lo que estás escuchando.

Cuando te comprometes a mantener una conversación, concentra toda tu energía en la conversación. Encontrarás que las conversaciones son más agradables y eficaces cuando te sumerges en ellas. Además, la escucha activa es una poderosa arma para influir en los demás.

3. Hacer buenas preguntas.

A la gente le gusta saber que los estás escuchando, y algo tan simple como hacer una pregunta de aclaración muestra no sólo que estás escuchando, sino que también te preocupas por lo que te están diciendo. Te sorprenderás del respeto y aprecio que ganas con sólo hacer buenas preguntas.

Además de verificar lo que has oído, debes hacer preguntas para sacar más información.

Ejemplos de este tipo de preguntas son: "¿Qué pasó después" y "¿Por qué dijo eso?" La clave es asegurarse de que tus preguntas realmente añaden comprensión a las palabras del orador, en lugar de desviar la conversación hacia un tema diferente.

4. Practicar la escucha reflexiva.

El psicólogo Carl Rogers utiliza el término "escucha reflexiva" para describir la estrategia de escucha parafraseando el significado de lo que se dice, con el fin de asegurarse de que tú has interpretado las palabras del orador correctamente. Al hacer esto, le das al orador la oportunidad de aclarar lo que quería decir.

Cuando se practica la escucha reflexiva, no sólo hay que repetir las palabras del orador para esa persona, sino que también hay que utilizar sus propias palabras para demostrar que has absorbido la información.

5. Usar un lenguaje corporal positivo.

Hay que ser consciente de tus gestos, expresiones y el tono de voz (asegurándote de que son positivas) porque esto atraerá a la gente hacia a ti.

Usar un tono entusiasta, descruzar los brazos y mantener el contacto visual son todas las formas de lenguaje corporal positivo empleadas por los grandes oyentes. El lenguaje positivo puede marcar la diferencia en una conversación.

6. No juzgar.

Si quieres ser un buen oyente, debes tener la mente abierta. Ser de mente abierta te hace accesible e interesante para los demás.

Nadie quiere tener una conversación con alguien que ya se ha formado una opinión y no está dispuesto a escuchar. Tener la mente abierta es crucial en el lugar de trabajo, donde la accesibilidad significa el acceso a nuevas ideas y ayuda.

Para eliminar las ideas preconcebidas, tienes que ver el mundo a través de los ojos de otras personas. Esto no requiere que la gente piense que los crees o apruebas su conducta; simplemente significa que dejas de juzgarlos el tiempo suficiente para entender realmente lo que están diciendo.

7. Mantener la boca cerrada.

Si no estás poniendo a prueba tu comprensión o haciendo una pregunta de sondeo, no deberías estar hablando. No sólo pensar en lo que vas a decir a continuación te hace distraerte de la conversación, interrumpir la conversación muestra que tú piensas que tienes algo más importante que decir.

Esto significa que no debes saltar con soluciones a los problemas del orador. Es de naturaleza humana querer ayudar a la gente, sobre todo cuando se trata de alguien que te importa, pero de lo que mucha gente no se da cuenta es que cuando nos lanzamos a asesorar a una persona o a darle una solución sin dejar que termine la conversación, estamos encerrando a la otra persona.






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