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Cuidado con los mentores que eliges y con los libros que lees.

9 de noviembre de 2015



Mentores y libros son dos de los mayores aceleradores del aprendizaje para conseguir alcanzar nuestras metas, pero no elegir correctamente de quién aprendemos o qué libros leemos, puede tener efectos más nocivos de lo que pensamos en nuestro éxito o desarrollo personal.

En Wall Street siempre se ha dicho que Jordan Belfort (el Lobo de Wall Street), se convirtió en un estafador, debido, entre otras cosas, al primer maestro que tuvo al desembarcar en su primera empresa. El primer contacto que tuvo con el mundo bursátil fue alguien similar al personaje que interpreta Matthew McConaughey en la película; una persona sin valores, que se relaja con cocaína, y cuya filosofía del negocio es transferir el dinero de los clientes a su bolsillo. "No importa el cliente, sino el dinero del cliente".

Si Belfort hubiera desembarcado en Berkshire Hathaway, bajo los brazos de Warren Buffett y Charlie Munger, ese joven lobo con talento, probablemente hoy sería un gran gestor de fondos de inversión, cuya filosofía de inversión sería el value investing en lugar de las acciones centavo, y se desviviría por contribuir a que sus clientes aumentaran su riqueza.

Cuando era un joven ejecutivo de ventas, conocí a un tipo de esos que tanto nos gustan: un empresario hecho a sí mismo.

El día que lo conocí, cuando entré por la puerta de su oficina, el tipo estaba haciéndole llorar a un proveedor (literalmente), chasqueando los dedos a escasos centímetros de su cara, mientras le gritaba: "Eh!! que te estoy hablando, ¿estás entendiendo lo que te quiero decir?". No era muy simpático y siempre iba acelerado. Además, carecía de modales. Pero en nuestro sector, si medimos a esta persona por el número de compras que podía hacer a nuestra empresa, era el tipo ideal, al ser un buen potencial cliente.

Si quieres tener éxito, aprende de aquel que ha conseguido lo que tú quieres lograr.

Siempre he tenido muy presente este consejo, por lo que desde que tengo uso de razón, siempre he intentado ser como una esponja y aprender de todo aquel que me pudiera enseñar.

Junto a este empresario, al que le dediqué gran parte de mi tiempo, incontables comidas y cenas, y horas de viaje en coche para gestionar nuestras colaboraciones, aprendí que los trabajadores únicamente son números. "Nunca los trates como personas ni te fíes de ellos, porque cuando tengan oportunidad, te fallarán o te robarán".

Nunca comiences más de lo que tú puedas gestionar personalmente, porque nadie lo va a gestionar mejor que tú mismo. "Como se te ocurra delegar algo en los demás, estás perdido".

Todas esas lecciones, y muchas más (que es mejor ni poner), él me las daba orgulloso al ver que yo era un joven con ganas de aprender. El caso es que aquello chocaba con todo lo que yo había leído, y en mi mente se formaba un lío tremendo, pues delante tenía a un hombre que venía de una familia pobre y que a los 40 años ya tenía dos grandes empresas dedicadas al sector de la construcción con facturaciones millonarias.

En retrospectiva, pude ver que este hombre no mantenía conmigo una relación de amistad sincera. Para él, yo únicamente significaba un descuento extra, un beneficio para su empresa.

Poco a poco observé que en nuestras colaboraciones no existía el win-win mutuo (ganar-ganar), sino más bien el win-lose (ganar-perder), donde siempre "lose" yo y "win" él.

Quedó claro el día que mi empresa se equivocó en material valorado en más de 80.000€. Podíamos arreglar el error sin apenas ningún coste para ninguno, pero él aprovechó aquel error para ofrecernos únicamente 2 alternativas:
  • 1. Descontarle 25.000€. (perder 25.000€)
  • 2. De lo contrario,  llevárnoslo íntegramente. (Perder 80.000€)
Dicho de otro modo, nuestra empresa únicamente tenía dos opciones: perder 25.000€, lo cual ya era más que el margen de beneficio, o perderlo todo.

No admitía ninguna otra opción, ni una rebaja menor. Era un experto en aprovechar las oportunidades de negocio, aunque para él fuera una oportunidad el poner a una empresa contra las cuerdas. Sabía que debíamos acceder a sus condiciones, o de lo contrario, nuestra pérdida sería aún mayor.

Me dijo que sería mejor que no tratara con él este asunto, porque podríamos estropear nuestra amistad, y que sería mejor que me quedara al margen. 

No me gustó nada aquello que nos hizo, y si en alguna ocasión dudé sobre si esta persona era un genio de los negocios, lo cierto es que tras este hecho se me quedó claro que únicamente era un "trepa" que por algún motivo había tenido éxito en la vida, un éxito que no duró mucho.

Su empresa tuvo problemas en algunas obras, los bancos comenzaron a ponerle más difícil la financiación de nuevos proyectos, y nosotros, como proveedores, ya no estábamos dispuestos a concederle renovaciones de líneas de crédito como hacíamos con otros clientes. Lo cierto es que ni nosotros, ni nadie en el sector, porque en los negocios, es importante fomentar la amistad y caerle bien a la gente.

Este empresario se olvidó de la ley de la reciprocidad y de las relaciones comerciales sanas. El éxito de este empresario se esfumó junto con el éxito de otros muchos empresarios de la construcción tras la crisis de 2008. 

Si yo hubiera adquirido la filosofía de liderazgo y gestión empresarial de este hombre, probablemente, sería hoy día una persona despiadada y grosera.

Y con los libros ocurre igual.

Existen algunos libros cuyo mensaje ya es peligroso de por sí, cuando se trata de desarrollo personal, y otros, que pueden dar lugar a tergiversaciones por parte del lector. En cualquier caso, hay que recordar, que podemos ser víctimas de nuestro sesgo de confirmación, que es leer únicamente aquello que confirme nuestras creencias o filosofía, aunque ésta sea completamente errónea e incluso peligrosa. Otras veces, preferimos comprar un mensaje porque nos interesa, aunque no nos convenga.

Hay libros que dicen: "Piensa en positivo y desea algo lo suficiente. De esa forma, el universo te lo enviará". ¿Y si no te lo envía? - "Entonces es porque no lo estás deseando lo suficiente".

Mientras que otros dicen: "Piensa en positivo, pero rómpete las pelotas persiguiendo lo que quieres, porque nadie te lo va a regalar".

Está claro que a mucha gente que conoces, le gustará más el mensaje del primer grupo que el del segundo grupo, pues todos queremos lograr algo, ahora bien, si hay que pensar en metas, en objetivos, y luchar por lo que queremos, entonces ya preferimos pasar a otro tipo de libros que dicen:

"La felicidad no se encuentra en lo que tienes ni en lo que posees. Puedes ser feliz sin tener nada"... 

Y en este caso, el mensaje no es incorrecto, pues es cierto que la felicidad no es exterior, sino algo interior; no tiene nada que ver con lo que tienes, sino con lo que eres. El problema es cuando ese mensaje aparece en el libro en forma de historia donde una persona con una carrera de éxito, debido al estrés que tenía en su carrera, regaló todas sus posesiones, dejó a su familia y sus hijos para buscar la felicidad en algún lugar de oriente donde encontró su espiritualidad junto a otro grupo de personas que vivían como en una especie de tribu.

El mensaje de "sólo necesitas una mochila para ser feliz", suele venderse bastante bien entre personas que en un momento dado, sienten que su vida ha perdido sentido. Compran el mensaje de que es malo vivir en una sociedad capitalista donde es necesario el dinero. Y es cierto. Puede que se hayan perdido muchos valores en esta sociedad, pero el dinero siempre ha existido.

Incluso si nos remontamos a la época del trueque, también había ricos y pobres, porque el trueque no era un intercambio de cosas, sino pagar una cosa con otra (dinero de la época).

Así que el primer paso para encontrar sentido a la vida, es saber en qué mundo vivimos. ¿Podría ser el mundo distinto? Por supuesto. Pero no lo es. Por tanto, hay que asumir que vivimos en un mundo real, y no en el mundo como nos gustaría que fuera. Me gustaría vivir en un mundo en el que no hubiera necesidad de poner llaves en las puertas porque todo el mundo es bueno, pero en mi mundo, necesitamos llaves, cerrojos, candados, policía, cárceles y, aún así, sigues estando desprotegido.

Recientemente caía en mis manos el libro "El Antídoto: felicidad para gente que no soporta el pensamiento positivo", de Oliver Burkeman. Y lo cierto es que el libro tiene unos conceptos increíblemente buenos, pero en ciertas manos, es un libro de fácil tergiversación por parte del lector, al criticar grandes obras y grandes autores cuyo mensaje es: "ponte un objetivo, y planea la forma de alcanzarlo".

Según el libro de Burkeman, no se aconseja ponerse objetivos, porque si no los cumples, te frustras. Del mismo modo, no sólo no hay que pensar en positivo, sino amar el pensamiento negativo. "Si todas las noches te acuestas pensando que tu hijo puede que muera mañana, aprenderás a querer a tu hijo mucho más". Y entiendo lo que quiere decir, pero dicho de esa forma, puede ser la receta perfecta para ser un habitual de los ansiolíticos.

Otros te dirán que ames tu caos, pero personalmente, es más satisfactorio en el largo plazo resolver tu caos si éste tiene solución. Y si no la tiene, evidentemente, ámalo.

Un mentor tiene mucho poder e influencia sobre ti. Un libro puede ser igual de instructivo o igual de destructivo.

Un mismo libro puede ser maravillo para una persona y puede ser pésimo para otra. Hay libros que han inspirado a personas a construir un imperio de miles de millones, mientras que hay otros libros que han inspirado a una persona occidental a convertirse al Islam, y de ahí, a la Yihad. 

Y por tanto, algunos nos dan las herramientas que necesitamos, mientras que otros nos envían a un camino que puede ser el que aparentemente creemos que queremos, pero no el que realmente necesitamos. 

En resumen: Nunca compres un mensaje de conformismo; compra superación. Nunca compres un mensaje donde cualquier persona pueda lograr algo fácil y sin esfuerzo; las recompensas sólo existen tras la superación de barreras. Y en ocasiones, nuestra propia mente, es la primera barrera que debemos atravesar.








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