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¿Mostraban las personas ricas alguna señal o rasgo temprano de que podrían llegar a ser millonarios?

22 de diciembre de 2015



Hace un tiempo advertía que había que tener cuidado con esas historias de niños emprendedores que crean empresas con 7 y 9 años, pues los niños de 7 años no crean empresas. Sus padres sí. Lo normal para un niño de 9 años es que juegue con sus amigos y que haga travesuras.

Si le hacemos creer a un niño de 10 años que es un brillante empresario, lo que se puede conseguir es que creemos una arrogancia temprana en ese niño. No obstante, hay excepciones, como puede ser el caso de Maddie Robinson, una joven de 14 años que consiguió que grandes cadenas se interesaran por sus diseños, convirtiéndola en millonaria (13 y 14 años, no son 7 y 9)

(Ver: Millonarios antes de los 18 años)

¿Pero significa eso que si nuestros hijos no han creado empresas antes de los 15 años, ni han invertido en acciones a los 10 años (cosa que no pueden) ya no tendremos hijos con el potencial de Warren Buffett o Bill Gates?

Para nada. De hecho, podemos encontrar señales en los jóvenes de que tienen un coeficiente intelectual por encima de la media, o ciertas actitudes que le hacen muy competente en algunos campos. Incluso podemos predecir que un joven estudiará cierta carrera universitaria y no tendrá problema en acabarla, siempre y cuando no se tuerza.


Pero la historia también dice que las personas de gran inteligencia, suelen acabar trabajando para personas de coeficiente intelectual inferior al de ellos, pues el empresario asume el riesgo empresarial debido a sus agallas, y no a su coeficiente intelectual, y después necesitará en su empresa a personas inteligentes y competentes en su área.

El talento para los negocios, no funciona igual que para el deporte. Es cierto que un joven con ciertas actitudes para el deporte, pone el tiempo en su contra, pues si no lo coge un buen entrenador a tiempo, probablemente esa persona no sea capaz de tener una brillante carrera en el deporte. Pero en los negocios, en cualquier momento se puede encender la bombilla y tener una gran idea. No obstante, por supuesto que hay personas que tienen más talento y visión que otras los negocios.

La dichosa retrospectiva.

Caemos muy a menudo en el sesgo del resultado, y es que una vez sabemos el éxito de una persona, explicamos que ya "apuntaba maneras de pequeño".

Es decir, si un niño con 6 años hace negocios con sus amigos en el recreo, vendiéndole cosas, y mañana se hace millonario, sus padres dirán que le atraían los negocios desde pequeño, que ya veían esa aptitud o cualidad, y que es normal que se haya hecho rico. Si, por el contrario, ese mismo niño acaba en la cárcel por tráfico de drogas, la gente dirá que es algo normal, pues de pequeño ya "trapicheaba" en el colegio. (Ver: El impacto de la suerte en los negocios)

Quizás algunos piensen que un joven de 20 años ya debe estar en el camino adecuado, pero lo cierto es que no es así. Cuando vimos lo que estaban haciendo muchas personas de éxito a los 25 años, vimos que Mark Cuban trabajaba de camarero, por  lo que supongo que para algunas chicas, Cuban no era buen partido. ¿Quién iba a pensar que se convertiría en el multimillonario que hoy día es? Lo mismo que Amancio Ortega (Zara), el cual con 20 años trabajaba de repartidor en una camisería, y no fue hasta los 27 cuando comenzó su camino en los negocios con la creación de Confecciones GOA, de donde más tarde saldría el grupo Inditex.

Como ya explicábamos en nuestro anterior artículo, lo único que podemos saber de un joven acerca del éxito que tendrá de mayor, es si su coeficiente intelectual está por debajo o por encima de 84, lo cual es una línea que separa la discapacidad mental de la inteligencia normal.

A partir de un CI por encima de 115, no encontramos ninguna diferencia entre la riqueza de las personas, pues hay quien se hace rico vendiendo, diseñando y fabricando cohetes espaciales, y hay quien se hace rico vendiendo calcetines, o creando una aplicación.

No podemos identificar ningún rasgo que prediga el éxito, pero podemos crear esos rasgos en nuestros hijos.

La riqueza se puede alcanzar básicamente por dos caminos: Ahorrando más de 1 millón de euros, o creando ingresos superiores a 1 millón. Con  el ahorro e inversión, cualquier persona, independientemente de su profesión, puede ahorrar más de 1 millón para su jubilación. Si tienes 20 años y quieres retirarte literalmente millonario, únicamente debes ahorrar cada mes 361€, y obtener un 6% de rentabilidad. Si comienzas a los 25 años, debes ahorrar 499€. Y si pasas de los 30 años, debes ahorrar en torno a los 700€.

Pero lo cierto es que ahorrar 1 millón es un proceso más dificultoso y aburrido que hacer 1 millón ejecutando una o diferentes ideas de negocio.

En ambos casos, ante la falta de rasgos que definan el éxito de nuestros hijos, depende de nosotros y de sus profesores, inculcarles cuanto antes mejor, ese deseo por aprender, esas ganas de adquirir conocimientos útiles, habilidades sociales, la importancia de las compañías y toda esa serie de disciplina y hábitos del éxito.

Enseñar a nuestro hijo a crear, pero también a no gastar todo aquello que gana. Enseñarle a ser persistente y a no rendirse ante las dificultades, porque hoy día no sabemos exactamente qué hábitos son los más poderosos para que una persona tenga éxito en la vida, pero con un 100% de probabilidad, sí que sabemos que las personas de éxito no tienen el hábito de rendirse en las dificultades.

Lo único que podemos saber a ciencia cierta, es que cuantos más hábitos buenos tengan los niños y menos hábitos malos hayan adoptado, su futuro irá mucho mejor, consigan lo que consigan en la vida.

Por lo tanto, lejos de esas campañas de marketing de algunos padres que nos hacen creer que sus hijos con 7 años han creado 3 empresas, como padres sí que podemos ejercer cierto interés en nuestros hijos para abrir el apetito emprendedor, que será muy necesario en un futuro, y sin duda, es algo que sí que acabaron teniendo en algún momento de sus vidas las personas más ricas del planeta en la actualidad.

No importa quién seas, de dónde vengas y a lo que te dedicas. Mañana, al despertar, puedes cambiar las coordenadas y comenzar a dirigirte hacia un nuevo destino.

Ver: 10 consejos para crear hijos emprendedores







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