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4 cosas que te harán engañar a tu cerebro para ser más feliz, según el neurocientífico Alex Korb.

28 de enero de 2016



Alex Korb es investigador postdoctoral en neurociencia en la UCLA, autor de "Upward Spiral (Espiral ascendente: El uso de la neurociencia para revertir el curso de la depresión)". Ya hablamos de él cuando publicamos "5 rituales para revertir la depresión, desde la neurociencia".

Para Korb, el cerebro no siempre es demasiado inteligente. Digamos que en ocasiones va a su propio ritmo. Si alguna vez te has sentido algo más triste sin motivo o no tan feliz como deberías estar, quizás haya alguna sencilla explicación.

A veces, nuestro cerebro no está seguro de cómo se siente, por lo que "sale a buscar algunas pistas" en un proceso que Korb denomina biorretroalimentación, que básicamente consiste en revisar la información de tu propio cuerpo para decidir si debe otorgarte un estado de felicidad o no.

1. El cerebro funciona en 2 direcciones.

A veces te sientes feliz y eso te hace sonreír. Pero también funciona en el sentido contrario, y es que cuando sonríes, tu cerebro lo identifica y te hace sentir más feliz. Dicho de una forma más básica: 

"La felicidad te provoca una sonrisa, pero una sonrisa también te provoca la felicidad (aunque no te sientas feliz en ese momento)"

Es por eso que aunque tengas un mal día o te hayas levantado deprimido, no debes dejar de sonreír. Según la neurociencia, el cerebro identifica un ceño fruncido con una emoción negativa, y una sonrisa con una emoción positiva, aunque no estés sintiendo esa emoción en esos momentos.

¿Alguna vez has caminado por la calle con el sol de frente y te has notado de peor humor? Según la neurociencia, tu mal humor no se debe a la molestia del sol, sino a que tu cerebro ha detectado el ceño fruncido, y ha pensado por sí mismo que debe estar de mal humor.

Es como cuando dábamos algunos trucos para superar el miedo y la ansiedad. Si antes de hacer una exposición ante el público te encuentras nervioso, algo tan sencillo como masticar chicle aplacará un poco los nervios, pues nuestro cerebro identifica que estamos comiendo, y nadie se pone a comer mientras está huyendo de un león en mitad de la jungla, por lo que nuestro propio cerebro disminuirá ciertas sustancias que segregamos en situaciones de estrés.

Cuando estás nervioso y muy agitado, también se dice que respires tranquila y profundamente. El motivo no es otro que decirle a nuestro cerebro que estamos respirando de forma relajada, y por lo tanto, puede calmarse, pues no hay peligro (También estamos enviando oxígeno).

Por lo tanto, cuando hablamos de la felicidad, al igual que en la seguridad en nosotros mismos, funciona el famoso consejo de fingir hasta que lo consigas, pues nuestro estado emocional tiene una parte interna y una parte externa.

La parte interna dependería de nuestro enfoque, hacia dónde queremos centrar nuestra atención: ¿quiero centrarme en las muchas cosas cosas que tengo o en las muchas cosas que me faltan? ¿quiero centrarme en todo lo bueno que me ha pasado hoy o en esas pocas cosas malas? Sin duda, tu estado emocional será distinto según tu decisión.

Y la parte externa, únicamente debes recordar que nuestra mente va a recoger la información de nuestras expresiones faciales y corporales, por lo que si tenemos una sonrisa en la cara y una postura amplia y abierta, es más probable que lo identifique con un estado de ánimo positivo y nos recompense con dopamina y endorfinas (hormonas de la felicidad).

2. ¿Cómo ves el mundo?

Numerosos estudios científicos han corroborado que las personas que tienen una meta en la vida, son mucho más felices que aquellos que caminan hacia "no saben dónde". Llamémosle ilusión, esperanza, sentido de la vida.

Tener una meta cambia literalmente tu forma de ver la vida. De hecho, Viktor Frankl explicaba en su famoso libro "El hombre en busca de sentido" que la mayoría de los estados depresivos no vienen por el estrés, sino por el aburrimiento. 

El aburrimiento puede provocar lo que se denomina "crisis existencial", y está claro que una persona que tiene metas y objetivos en la vida, sabe por qué existe y cuál es su misión o propósito.

Es por eso que cuando alguien dice "no tengo tiempo ni de deprimirme", probablemente esa persona no sepa lo cierta que es esa expresión desde el punto de vista psicológico.

Cuando te sientas estresado debido a los desafíos de la vida, recuerda lo que hay detrás de esos obstáculos, pues incluso desde el punto de vista de la neurociencia, centrarse en la recompensa en lugar de en el obstáculo, nos dará una sensación de desafío y control, liberando dopamina, que nos hará sentir más motivados. Y estar motivados en lo que sea, es sinónimo de felicidad.

Perder la motivación y carecer de metas, es lo que nos lleva a perder el sentido de nuestra existencia, una situación que de alargarse en el tiempo puede traer consecuencias devastadoras. Por eso, mantente siempre activo y con un objetivo para alcanzar, aunque éste sea pequeño.

3. La necesidad de descansar y dormir bien.

En este caso, nuestro cerebro también va en 2 direcciones. En un estado depresivo puedes sufrir problemas de sueño, pero los problemas de sueño también pueden causarte un estado depresivo.

Sencillamente, cuando no descansamos correctamente, es como si nuestros problemas fueran peores de lo que son, nuestros desafíos mucho más grandes y las soluciones más inalcanzables. Y ciertamente, todo sigue igual. Lo único que cambia es nuestro estado de ánimo para afrontar la situación, una situación que con un estado de ánimo enérgico parecería mucho más sencilla.

En ocasiones, ante un cúmulo de problemas que nos ha dejado destrozados, un remedio eficaz es meterse en la cama y descansar si hace falta durante 24 horas. Aunque no alargues demasiado esta fase o podrías provocar el efecto contrario. 

Dormir bien es felicidad porque la gente feliz suele dormir bien.

4. ¿Qué dice la neurociencia de la dilación?

La semana pasada publicábamos 2 artículos en los que hablábamos de la procrastinación o dilación y cómo evitarla, así como del efecto Akrasía, que explica por qué no llegamos a hacer aquello que sabemos que deberíamos hacer.

En este aspecto, cuando se trata de tomar decisiones y tenemos varias opciones (cosas productivas o perder el tiempo), debemos imaginar nuestro cerebro como una disputa en una reunión donde se está decidiendo qué camino tomar.

Korb explica que hay 3 regiones del cerebro que trabajan en este sentido y que se enfrentan entre sí:
  • La corteza prefrontal: que piensa en los objetivos de largo plazo.
  • El dorsal estriado: que está arraigado a las conductas del pasado.
  • El núcleo accumbens: el que te llama para que pierdas tiempo en facebook, ver la tele, etc... es decir, tu amigo más influyente, pues suele ganar en sus propósitos con un argumento de peso: "El trabajo me aburre, pero ver la tele y Facebook es divertido".
La buena noticia es que una vez que decides hacer el esfuerzo y concentrarte en lo que debes hacer, se activa la corteza prefrontal, y ésta tiene la capacidad de anular a las otras dos.

Y es que si bien, aparentemente, el pasar un buen rato ahora podría darnos placer (que no siempre es felicidad), el no hacer algo productivo, nos provoca un sentimiento de culpa e infelicidad poco después. 

Las personas que son víctimas de la dilación y no hacen lo que deberían hacer, tienden a tener más estrés y ser menos felices.








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