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Cuando nuestra mente provoca el resultado menos deseado debido a nuestro error de enfoque de pensamiento.

10 de noviembre de 2016



Nuestra mente es nuestra mayor aliada, pero también se puede convertir en nuestro mayor enemigo. La mayoría de personas no son conscientes del poder de su propio cerebro para bien o para mal. Cuando alguien escucha: "si crees que puedes, puedes; si crees que no puedes, no podrás", les puede sonar a filosofía de motivación barata, pero no nos equivoquemos, pues es pura ciencia.

En psicología veremos términos como "El efecto Pigmalión", que es una forma básica de condicionamiento mental, pero tan poderosa que podemos convertir a una persona en lo que queramos, si esa persona se cree lo que le estamos diciendo. Cuando hablamos de 2 experimentos para condicionar a niños (y adultos) para el éxito o el fracaso, también vimos el "Estudio Monstruo", que fue un experimento por el cual lograron inducir a niños a la tartamudez al crearle inseguridades, así como lograron curar a niños tartamudos gracias a los estímulos positivos.

Cuando somos niños, depende mucho de nuestro entorno, pero cuando somos adultos, depende de cómo cultivemos nosotros mismos nuestros propios pensamientos, a lo cual llamaremos "comunicación interna", es decir, la comunicación con nosotros mismos. "No valgo para nada" o "valgo mucho"; Tanto si tienes uno u otro pensamiento, estás en lo cierto, pues tu pensamiento provocará lo que se llama profecía autocumplida: Tener una idea falsa, pero que nuestro pensamiento provoca un comportamiento que la convierte en verdadera.

Cuando crees que no sirves para algo o cuando tienes miedo de intentar algo.

Si eres una persona que considera que nunca has hecho nada productivo, o que todo lo que has hecho hasta ahora te ha salido mal, es muy posible que tengas una mayor dificultad para tomar la iniciativa, pues probablemente ya seas víctima de la indefensión aprendida (ver artículo donde la explicábamos).

En cualquier caso, el problema está en el enfoque de nuestro pensamiento que genera un estado mental que propicia el fracaso.

Uno de los ejemplos que serviría para mostrar ésto, sería el del acróbata Karl Wallenda, conocido porque tuvo una premonición sobre su muerte, y ésta se cumplió tal y como él predijo.

Wallenda se dedicó durante muchos años a las acrobacias de riesgo, sin ningún tipo de protección. Su seguridad en sus habilidades era tal que nunca llegó a plantearse siquiera la posibilidad de un fallo que provocara una caída, y mucho menos su muerte. Sencillamente, eso no formaba parte de sus esquemas mentales.

Pero en un momento dado de su carrera, comenzó a decirle a su mujer que soñaba a menudo con que se caía. Por primera vez en su vida, comenzó a tener miedo a una caída. A los pocos meses de comenzar a tener miedo, tuvo el primer fallo de toda su carrera, cayó y murió.

Había tenido una predicción, según publicaron en los medios. Y esa historia está bien para quien crea en las predicciones. Lo que le ocurrió a Wallenda tiene una explicación más psicológica que esotérica.

La seguridad en ti mismo te hace dar pasos firmes y seguros, y quizás de forma automáticos, pues es lo que llevas haciendo toda la vida, para lo que has entrenado. Si no tienes miedo a caer, lo más probable es que todo surja como ha surgido a lo largo de los años.

Cuando el miedo aparece, damos los pasos con más cuidado, pasos menos seguros, y por lo tanto, ya no somos la persona que tanto se ha preparado, esa persona segura en sus habilidades, sino más bien, tenemos el mismo miedo que un principiante, y los principiantes, es más probable que caigan.

Dicho de otra forma, no hubo premonición, sino profecía autocumplida donde sus propios miedos provocaron la caída.

Aplícalo a la vida, a tu profesión, a los negocios....

Si te enfocas continuamente en todas las cosas malas de la vida, esa será la visión que tengas de la vida, y por tanto, tu vida puede ser una mierda, y no porque lo sea, sino porque tú crees que es así.

Si piensas únicamente en todas las dificultades que puedes encontrar en el camino, tú mismo provocarás "la caída de Wallenda", y es que te pondrás en un estado mental que fomentará la aparición de todas esas dificultades. No es que tuvieras razón cuando predijiste que aparecerían dichas dificultades, sino que probablemente tú las fomentaste.

(Ver: Cómo nos afecta la conducta de indefesión aprendida a nuestra vida y nuestra carrera)

El marido celoso. 

Supongamos que el marido está en casa esperando a que su mujer llegue de trabajar, pero ésta se retrasa. La llama por teléfono, y ésta no se lo coge.

El marido comienza a preguntarse qué pasará, dónde estará, con quién estará. Su mente comienza a trabajar por sí sola pensando en que podría estar ligando con alguien, incluso acostándose con alguien. Su mente comienza a pensar que le está engañando, y desea que llegue ya para pedirle explicaciones.

En ese estado, cuando su mujer entre por la puerta, antes de que el marido abra la boca, ella notará en sus gestos que está enfadado. Si además le habla de malas maneras, esa noche ambos discutirán.

Si los episodios de celos se repiten, es muy probable que esa mujer decida conocer a cualquier otro hombre porque ya no soporta al suyo. Serían los propios celos los que han provocado la profecía autocumplida.

Ahora, si el marido no pone a su cerebro en lo peor, e imagina a su mujer metida en un gran atasco, sin poder coger el teléfono al estar en el coche, cansada de trabajar, con ganas de llegar a casa... sería muy probable que cuando la mujer entrara por la puerta, el marido se comportase de forma que la mujer se sentiría amada y protegida por ese hombre, por lo que con un hombre así, ¿para qué iba a necesitar a cualquier otro?

Los celos son una forma de enfocarse en lo peor, a no ser que fueran con motivo, lo cual no serían celos, sino sospechas. Y si las sospechas son fundadas, ya sería otra historia. Por regla general, si no tienes pruebas fundadas, el problema está en la patología celotipia del marido y no en el comportamiento de la mujer.

Los goles tempraneros... ¿Por qué ante la dificultad nos hacemos más pequeños y no más grandes?

Lo lógico sería que cuando las cosas se ponen difíciles, sacáramos lo mejor de nosotros e incluso una fuerza extra para hacer frente a la situación. El problema es que sucede todo lo contrario; Cuando las cosas se ponen feas, nos venimos abajo.

Cuando a un equipo de fútbol le meten 2 ó 3 goles nada más que comenzar, es muy probable que el equipo se desmotive. El hecho de ir perdiendo, no hace que jueguen mejor, no se motivan más. Todo lo contrario: comienzan a frustrarse, y por tanto, es probable que acaben siendo aún más goleados. También debemos tener en cuenta la confianza en la victoria que ya ha adquirido el otro equipo.

En ese momento, el equipo que va perdiendo puede llegar a olvidar que en otras ocasiones han logrado un marcador de 5 - 0 a su favor, lo que significa que si jugaran de la misma forma que aquel día, aún podrían ganar.

En el libro "Poder sin límites", Robbins pone el ejemplo de Dick Tomey, un entrenador del equipo de  rugby de la Universidad de Hawai.

En una ocasión se enfrentaban contra el equipo de Wyoming, y para el descanso, los chicos de Tomey iban perdiendo por 22-0. La desmotivación entre los chicos era visible y parecía que nada se podía hacer ya ante tal diferencia en el marcador.

Pero Dick Tomey era un gran creyente en el hecho de que las representaciones internas de las personas influyen en su rendimiento. Cuando vio a aquellos chicos abatidos y desanimados, pensó que de aquella manera sería mejor no salir al campo de juego otra vez, pues los iban a barrer del todo.

Pero Tomey sacó un tablero con una colección de recortes de prensa que había reunido a lo largo de los años como entrenador. Todos aquellos recortes de prensa hablaban de equipos que, después de ir perdiendo por resultados iguales o peores al que estaban sufriendo, habían conseguido remontar en el segundo tiempo.

Hizo que sus jugadores leyeran aquello hasta hacerles creer en la posibilidad de remontar el partido. Les contagió con ánimo, les dio una fuerza nueva, y sobre todo, les dio una creencia: no había nada perdido hasta que acabara el partido.

No sería fácil, deberían esforzarse aún más, pero no iban a hacer nada que otros no hubieran hecho ya antes. ¿Cuál fue el resultado? Pues que el equipo de Tomey salió al campo de forma enérgica y el partido acabó en 22-27. Es decir, el equipo de Wyoming no consiguió ni un solo punto más, y lograron remontar la diferencia y ganar.

(Ver: Los mejores discursos de motivación extraídos del cine)

Lo consiguieron porque el entrenador logró inculcarles la creencia de que era posible ganar. Ni siquiera iban a hacer historia, pues no serían los primeros, ni serían los últimos en lograr algo así. No ganaron gracias a su preparación física, ni gracias a sus brazos o piernas. Eso ya lo tenían cuando iban perdiendo. Ganaron gracias al trabajo que se hizo con su cerebro y su forma de pensar. La motivación puede crear resultados magníficos.

Por tanto, la próxima vez que te encuentres rodeado de dificultades, recuerda que no es el momento de rendirte, sino el momento de esforzarte más. Cuanto más duro sea el obstáculo, más grande será la satisfacción que tendrás cuando lo superes. Y sobre todo recuerda que aunque pases gran parte de tu tiempo con el marcador en contra, el partido no acaba hasta que suena el pitido final.

Ver: Cómo condicionarnos para el éxito rompiendo nuestros límites; 2 personas te enseñan a lograr lo imposible.







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