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Crisis: La otra cara. La destrucción personal.

13 de marzo de 2012



La crisis financiera no solo provoca desconfianza en los mercados, sino una tremenda desconfianza hacia nosotros mismos. Es lo que podríamos llamar baja autoestima, y ésta es muy fuerte en las personas que han perdido su trabajo y/o están a punto de perderlo. El otro día leía que la tasa de suicidios se ha incrementado en un 40% en Grecia desde que comenzó la crisis (según datos ofrecidos por el propio Ministerio de Sanidad de Grecia).

En España aún no se está incrementando la tasa de suicidios, aunque algunas asociaciones calculan que la crisis matará indirectamente entre 1,500 y 4,000 personas al año. La crisis no solo afecta a la economía, sino también a la salud.


Los desempleados tienen el doble de posibilidades de sufrir ansiedad, estrés y todo tipo de trastornos depresivos. Algunos consideran que ya han muerto socialmente, pues no tienen que salir para ir al trabajo, no tienen dinero para salir con los amigos, por lo que únicamente tienen la opción de quedarse en casa buscando ese trabajo que no llega y esperando a que cambie una situación que no va a cambiar a corto plazo.

Aumentan las adicciones.

En España se ha disparado el consumo de ansiolíticos y antidepresivos cerca del 30%. Es una forma de paliar los efectos de la crisis con medicamentos aumentando drásticamente la posibilidad de acabar siendo dependientes de este tipo de medicamentos de por vida.

Otros optan por la adicción de "toda la vida", recurriendo al alcohol, pues es la única forma de evadirse de la realidad que están viviendo.

¿Cómo se llega hasta aquí?

El desempleo y la imposibilidad de encontrar un trabajo puede provocar, cuando se alarga esta situación, una enorme pérdida de confianza y desprecio hacia uno mismo. Tener la autoestima baja hace que nuestro sistema inmunitario se debilite dejando una puerta abierta a todo tipo de enfermedades. Como se suele decir: "A perro flaco, todo se le vuelven pulgas".

La crisis también aumenta las disputas familiares, pues los ánimos suelen estar mucho más caldeados. El hombre se siente impotente cuando sabe que no podrá hacer frente a la hipoteca, incluso algunos psiquiatras advierten que esta impotencia económica acaba afectando incluso a la virilidad del hombre, por lo que se suma un problema más a la falta de confianza de esta persona.

Digamos que se entra en una dinámica destructiva dentro de un círculo vicioso del que hay que intentar salir lo antes posible, y a ser posible sin tomar pastillas, pues las pastillas esconden los síntomas, pero no la realidad.

Anteriormente publicábamos un artículo sobre cómo afrontar una crisis financiera personal.  Añadiría que asumas la situación, pues no hay mejor solución que afrontar de cara un problema. No sólo debes asumir la situación, sino asumir que la situación económica global no va a mejorar en los próximos años. Partiendo de esa base, únicamente dependerá de tí cambiar tu propia situación.

Y recuerda que ante la dificultad de encontrar un trabajo, siempre tienes la opción de crear tu propio negocio. Ante la crisis, no es momento de venirse abajo, sino de retomar la acción.







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