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Cómo hice mi primer pequeño gran capital.

23 de abril de 2012



Dicen que la primera vez que haces un buen negocio y recibes una cantidad de dinero a la que por ahora no estás acostumbrado a recibir, es como un orgasmo. Doy fe de que es algo similar. Te llena de vitalidad, de confianza y te crees capaz de comerte el mundo, sobre todo cuando lo haces de bien joven. En mi caso particular, podría decir que he tenido esa experiencia 3 veces, y cada una de ellas de distinta forma. Hoy las comparto con vosotros y espero que al final del artículo podamos sacar varias conclusiones y reflexiones.

No recuerdo en qué momento exacto me comenzó a llamar la atención el mundo de las finanzas, pues sinceramente, era algo que de adolescente no me atraía. Cuando tenía 21 años conocí a un hombre que se dedicaba a la bolsa. No era lo que yo llamaría una persona inteligente, incluso me pareció que su arrogancia estaba por encima de sus aptitudes, aunque lo cierto es que la vida le había tratado bien (financieramente hablando). Me comenzó a hablar en el lenguaje que emplean los analistas financieros, con una serie de términos  técnicos.... vamos...que no me enteraba de nada.
Mi primera vez.

Fue cuando uno se dice eso de: "Si él puede, por qué yo no". Compré el famoso libro que siempre aconsejo: "El inversor inteligente, de Benjamin Graham" y, nuevamente, no entendía la mayor parte del contenido, aunque  creo que capté lo básico. Durante 2 semanas me dediqué día y noche a ponerme al día en términos financieros, vehículos de inversión, consistencia de la bolsa, qué hace que suba o baje el valor de las acciones, etc...

Tenía ahorrados unos 10,000€ y estaba ansioso por invertir, claro que tenía muy claro un principio básico de la inversión: "No inviertas un dinero que puede que necesites". Casualmente hablando con un cliente mío, tuvimos un intenso debate sobre finanzas. Esta persona quería contratar un depósito a plazo fijo y salió a relucir el tema de la bolsa. Le propuse un trato.

Le pedí que me prestara 20,000€. Yo le aseguraba que cobraría esos 20,000€ más un 1,5% en 12 meses aunque la inversión saliera mal. Si salía bien, le daría el 50% de las ganancias. Yo sabía que sería muy difícil perder más de un 50% en la bolsa, por lo que en caso de pérdidas, le pagaría con el dinero que tenía ahorrado.

Así lo hicimos. Comencé a hacerle un seguimiento a dos valores de la bolsa y esperé 35 días a que el mercado fuera a la baja. Digamos que usé el método de inversión de la pelota. Invertí los 20,000€ en un sólo valor. A los 2 días lo vendí con un 6% de rentabilidad. Esperé 5 días a que volviera a bajar, por lo que invertí la mitad en ese valor y la otra mitad en el otro que llevaba siguiendo. Estuve jugando con los dos valores durante 5 meses. Creo que hice un total de 13 operaciones de compra-venta. Conseguí convertir esos 20,000€ en unos 35,000€. Partimos beneficios todos tan contentos.

El negocio fue bastante rentable y fue relativamente fácil, claro que una vez lo pensé en frío, supe que había tenido mucha suerte, pues no había analizado absolutamente nada. De hecho, es como si hubiera cogido una frecuencia que aparentemente era previsible. Podría no haber salido de esa forma.

Aún así, hoy día lo pienso, y quizás aquella forma de invertir fuera mucho más inteligente que tanta información que hoy día contrastamos y que llega a nublarnos la esencia de la bolsa.

Tuve varios problemas con aquello:

El primero fue que era joven y ya me creía un experto. Comencé a gastar más de lo que gastaba hasta aquel entonces. El segundo problema vino un año después, cuando hacienda quiso saber de dónde habían salido esos 20,000€, que por cierto se me olvidó declarar. Llegué a un acuerdo para que la multa no fuera muy alta y aprendí la primera lección. La verdad es que finalmente creo que no gané dinero con aquella operación, o al menos 12 meses después, mis ahorros estaban algo peor, pero aquello me gustó y me apasionó. Decidí hacer varios cursos y continué introduciéndome a fondo en ese mundo.

Mi segunda vez.

La segunda vez no tuvo mucho mérito, pues realmente cualquiera puede hacerlo. Ya estaba metido en los negocios inmobiliarios, por lo que llegaron a mis manos dos casas antiguas, juntas y a precio de "ruina". Decidí comprarlas, reformarlas y unirlas, hasta sacar una gran casa, un apartamento y 3 bajos comerciales. Evidentemente, la rentabilidad de la operación fue bastante alta. Fue la primera vez que corrí un alto riesgo, pues tuve que endeudarme por encima de mis posibilidades de pago para la compra y reforma. De haber tardado 2 meses en venderla, probablemente hubiera tenido serios problemas financieros.

Mi tercera vez.

La tercera vez fue más elaborada y al mismo tiempo más casual. A lo largo de mi "carrera" comercial he hecho muchos contactos en 7 provincias de Andalucía. Amigos, compañeros, jefes, empleados, clientes de todo tipo. Hablando en Madrid con un empresario, me comentó que quería introducir su producto en Andalucía. Casualmente su producto iba dirigido al tipo de cliente con los que yo había trabajado durante años, por lo que fue como si se me encendiera la bombilla. Le propuse una colaboración. Me encargaría de introducir el producto en Andalucía. Cerramos un acuerdo de distribución.

Hice unas cuantas llamadas para hablar con antiguos vendedores y clientes. Tenía más de 2,000 tarjetas de clientes que podrían estar interesados en el producto con la ventaja de que conocía personalmente a más de 400 de ellos.

En menos de 15 días, el producto ya tenía presencia en más de 30 establecimientos de las 8 provincias de Andalucía. En 40 días estábamos en 320 establecimientos. En 3 meses estábamos en más de 700 establecimientos y 5 grandes superficies.

La distribución no era mi negocio, pero nunca había pensado en la gran red de distribución que, sin saberlo tenía. Este cliente, contento con nuestro trabajo nos dio muy buenas referencias, por lo que hicimos el mismo trabajo de distribución con otras marcas.

Fue uno de los negocios más rentables que había tenido hasta entonces. La ventaja para la empresa era muy clara, y es  que se ahorraba contratar a un vendedor en cada provincia (con la incertidumbre de cómo será el vendedor). Se ahorraba tiempo, pues nosotros teníamos las rutas programadas y los clientes con la puerta abierta (nos conocían).

El problema de este rentable negocio es el de la patada, y es que una vez que tienes introducido el producto y la red de ventas funcionando, ya eres prescindible, pues ya pueden gestionarlo ellos mismos.

Sería difícil sacar una conclusión clara de estas 3 historias. Por momentos pienso que tuve suerte de estar en  el lugar adecuado a la hora adecuada. En otros momentos pienso que tenía una mente muy dispuesta a detectar estas oportunidades, pues una sabia persona me dijo una vez:

"El dinero está por todos sitios, te está rodeando. Lo que pasa que muy poca gente es capaz de verlo y, muchos de los que lo ven, no saben cómo cogerlo"

En fin, poco más que decir. Simplemente decir que cualquiera puede hacerlo, es cuestión de tener la mentalidad adecuada.







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2 comentarios

  1. mas que suerte yo lo llamaria preparacion y oportunidad

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    Respuestas
    1. Bueno, siendo honesto, reconozco que en la primera ocasión tuve mucha suerte, más que nada, porque si hoy día dijera de repetir esa rentabilidad en 5 meses no creo que fuera capaz. De hecho, no es lo normal ni para inversores avanzados.

      Con respecto al las otras dos ocasiones... fueron más elaboradas y estudiadas. Gracias por tu comentario. Recibe mi más afectuoso saludo.

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