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Cómo puede afectar la conducta de "indefensión aprendida" a nuestra vida, nuestra carrera y nuestro éxito.

9 de agosto de 2015



Si alguna vez te has dado por vencido ante las dificultades, los problemas te han llegado uno tras otro sin poder encontrar una solución y te has hundido, o sencillamente, si has dado por hecho que llevas el único estilo de vida que vas a poder vivir (aunque no te guste), podría ser que estás siendo víctima de la conducta de indefensión aprendida, un término psicológico que descubrieron en 1967 los psicólogos Martin Seligman y Steven F. Maier, y que no podemos perder de vista cuando se trata de nuestro éxito personal o profesional.

En primer lugar, vamos a ver en qué consistió el experimento, el cual es bastante interesante, y después veremos cómo nos afecta esta conducta, y lo más importante, cómo podemos evitarla.

(Ver también: 10 hallazgos en psicología que explican por qué tomamos malas decisiones cada día)

Los psicólogos Seligman y Maier usaron 2 grupos de perros para este experimento, los cuales fueron encerrados en jaulas y atados.

Primer grupo.

Al primer grupo de perros se les administraban una serie de descargas eléctricas, de las cuales no podían escapar al estar atados, pero sí que tenían un panel en el que si apoyaban la cabeza, las descargas cesaban, por lo que a medida que iba recibiendo descargas, los perros llegaban a aprender que si pulsaban ese panel, el dolor se acababa. Con el tiempo, la gran parte de los perros aprendieron a detener las descargas.


Segundo grupo.

Con el segundo grupo, que estaba justo al lado del primer grupo,  se hacía exactamente lo mismo: se les sometía a descargas eléctricas, pero este grupo de perros tenía el mismo panel que el del otro grupo de perros, aunque si lo pulsaban, las descargas no cesaban. Es decir, hicieran lo que hicieran, no tenían ningún control sobre el dolor que experimentaban con las descargas, aunque hicieran lo mismo que hacían los perros del otro grupo.

Segunda parte de la prueba: Indefensión aprendida.

En la segunda parte del experimento, se encerraban a los perros en jaulas individuales. Las jaulas tenían unas luces, y cuando estas luces se apagaban, a los 10 segundos, comenzaban a recibir descargas eléctricas, pero en esta ocasión, a lo largo de esos 10 segundos se les dejaba la puerta abierta para que los perros pudieran escapar.

Primer grupo.

El grupo de perros que en la prueba anterior aprendió a detener las descargas eléctricas pulsando el panel, no dudaron en escapar de las jaulas cuando veían abrirse la puerta.

Segundo grupo.

El grupo que en la prueba anterior, hicieran lo que hicieran, no pudieron controlar las descargas, se dio por vencido hasta el punto de que aun viendo las puertas de las jaulas abiertas, no hizo nada por escapar. Es decir, habían asumido que iban a sufrir hicieran lo que hicieran, aun teniendo la puerta abierta para escapar.

Conclusión: Los animales, así como las personas, cuando intentamos solucionar problemas, y no obtenemos resultados, caemos en la indefensión aprendida, que básicamente significa que "Creemos que hagamos lo que hagamos, no vamos a poder cambiar nuestra situación". Y todos nosotros, tenemos lo que se denomina un "punto de rotura", en el que nos damos por vencidos y dejamos de luchar si nada funciona, pero....

Nosotros no somos perros y no estamos en jaulas. Tenemos el control.

Muchas personas viven en la extrema pobreza, y ven a las personas que tienen éxito. Pero ellos asumen que nunca podrán llegar a tener el mismo éxito que esas personas, que el éxito no es para ellos.

(Ver: 6 cosas que la clase media y pobre no acaba de comprender de los ricos)

Es como esa mujer que un día recibe una paliza de su marido y no lo deja. Al día siguiente otra. El marido la amenaza con matarla si lo denuncia. Puede llegar un momento en que la mujer asuma que será maltratada para el resto de su vida, cayendo en la indefensión aprendida.

Pero nosotros, como personas, ni siquiera tenemos que pulsar un panel para que el dolor cese. Tenemos la puerta abierta en todos los sentidos, somos nosotros los que controlamos nuestra vida, porque no somos perros, porque podemos decidir cambiar nuestra vida. Únicamente debemos buscar soluciones, encontrar salidas.

Es por eso que en ocasiones generan polémica las palabras: "si una mujer recibe una paliza de su marido, es culpa de marido, pero si una mujer recibe una segunda paliza de su marido, ya no es culpa de su marido, sino de ella, porque ella sí puede escapar de la jaula antes de caer en su propia indefensión aprendida".

Si no te gusta tu trabajo, y crees que estás cayendo en una especie de depresión; que para ti es un suplicio tener que ir cada día a ese trabajo que no te gusta, en el que tienes un mal jefe, y además no está bien pagado, no sumas que te vas a jubilar ahí porque no sirves para otra cosa. Pulsa el panel, y escapa de la jaula. No eres un perro, ni tampoco un árbol.

Nunca asumas que llevas el tipo de vida que te ha tocado, porque la vida que llevas ahora mismo es fruto de tus actos y decisiones, y puedes cambiar tus decisiones en el momento que quieras y cambiar tu vida en todos los aspectos. Puede que aciertes o puede que no, pero si sientes que estás recibiendo descargas eléctricas constantemente, recuerda que tú ni estás enjaulado ni estás atado. Tienes la puerta completamente abierta.

Aunque voy a sonar repetitivo, voy a acabar de nuevo con esta frase de Bill Gates, la cual puedes aplicar a cualquier cosa: "Nacer pobre, no es tu culpa, pero morir pobre, sí es culpa tuya".

En este vídeo tenemos un ejemplo de cómo se puede inducir a las personas a la indefesión aprendida a través de un pequeño experimento




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